Atrincherado en tú habitación. Encerrado entre paredes sucias y viejas, con la pintura cayendose por ciertas filtraciones. Un olor extraño emana de tú cuarto. Sin ventanas, no tenés acceso al sol. Un cuarto oscuro y frío, con viejas cobijas tratas de escapar del frío. Pero no es ese frío invernal.
Recuerdos se hacen presente en tu cabeza y logran que te debilites un póco. Tal vez la paranoia te juega una mala pasada. La locura se apodera de tu mente por unos instantes.
Sientes frío, mucho frío, el aliento que emanás es más frío que lo normal. Te alientas en las manos, tratando que se calme el aire que sentís.
Los recuerdos otra vez te acosan, como puntadas en el cerebro y te arrancas los cabellos de íra. Lloras y lloras, sin saber por que te atormentan los recuerdos. Te frotas las manos por la frente con fuerza, como sí eso fuese a calmar los recuerdos, te los pasas por la cara como si te estuviera deformando.
En ese momento escuchas silvidos, tratas de mirar por la cerradura y ves un pajarillo, silvando. Piensas qué hora puede ser, y el silvido que sigue su marcha, sigue su marcha...
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viernes, 3 de julio de 2009
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